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Comienza una nueva vida

Tras la concepción, tu bebé crece seguro en el nido de tu útero (o tu matriz, que es un órgano pequeño, en forma de pera, ubicado en la pelvis, entre la vejiga y el recto). Durante el embarazo, el revestimiento de tu útero se vuelve más denso y sus vasos sanguíneos se agrandan a fin de nutrir a un bebé en crecimiento. A medida que el embarazo avanza, el útero se expande a fin de dejarle espacio a tu bebé; para cuando éste nace habrá aumentado unas cien veces su tamaño normal.

Una vez que se produjo la concepción, los cambios en tu cuerpo y en el bebé son rápidos. Después de ser fertilizado, el óvulo se divide en células idénticas. Estas células vuelven a dividirse una y otra vez, dos células se transforman en cuatro, cuatro células en ocho y así sucesivamente. Cuando este ramillete de células llega a su útero y se sumergen en su denso revestimiento, tiene la forma de una esfera diminuta, de la cual, la mitad de ésta se desarrollará para formar la placenta. La placenta actúa como un órgano de sostén de la vida durante el embarazo, captando sustancias de la sangre de la madre y transfiriéndoselas al bebé, la otra mitad de la esfera que llega al útero se convertirá en tu bebé.


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